Las emociones de un niño, desde la alegría desbordante hasta la frustración intensa, no son solo reacciones conductuales. Detrás de cada sentimiento existe una compleja sinfonía de señales químicas en el sistema nervioso central

Reproducido de https://www.psicoactiva.com/blog/sistema-limbico-anatomia-memoria-emociones/, por Guerri, M (2024)
Estas señales son orquestadas por los neurotransmisores, mensajeros químicos que facilitan la comunicación entre las neuronas en las sinapsis. Ellos son la base de la regulación emocional y la conducta.
Comprender esta neuroquímica es fundamental para descifrar por qué un niño puede tener dificultades para manejar el estrés o la frustración. Un desequilibrio puede impactar directamente en el neurodesarrollo y el aprendizaje.
Los Protagonistas Bioquímicos: Dopamina y Serotonina
Dos de los neurotransmisores más influyentes en el estado de ánimo son la dopamina y la serotonina. Ambos juegan roles clave en la experiencia emocional y cognitiva.
La Dopamina, a menudo denominada el «neurotransmisor del placer y la recompensa», influye en la motivación, el foco atencional y el movimiento. Un déficit dopaminérgico se asocia con TDAH y problemas de búsqueda de novedad.
La Serotonina participa en la felicidad, el sueño, el apetito y la inhibición de la ira o la agresión. Los niveles bajos de serotonina han sido vinculados a la ansiedad, la depresión y la impulsividad en niños.
Otros mensajeros como el GABA (inhibitorio) y el Glutamato (excitatorio) también modulan la actividad cerebral, manteniendo un equilibrio esencial para el funcionamiento óptimo.
Neurodesarrollo y la Ventana de Oportunidad
El cerebro infantil pasa por periodos críticos de plasticidad sináptica donde la química se está estableciendo. Las experiencias tempranas, el apego y el entorno nutricional influyen en la liberación y recepción de estos neurotransmisores.
Un entorno de apoyo que fomenta la seguridad y la regulación emocional adecuada puede ayudar a modular la producción saludable de estas sustancias. La falta de estimulación o el estrés crónico (estrés tóxico) pueden alterar estos circuitos.
Identificar tempranamente desequilibrios en la neuroquímica y la conducta adaptativa permite implementar intervenciones oportunas y eficaces. Es aquí donde el conocimiento especializado marca la diferencia.
La Formación es Esencial para la Intervención
Para padres, psicólogos, educadores y médicos, entender la base neurobiológica del comportamiento es crucial. No se trata solo de «corregir» la conducta, sino de apoyar la maduración del sistema nervioso.
Los profesionales deben dominar el lenguaje técnico de la psicología y la neurología para aplicar terapias basadas en evidencia. El conocimiento de los síndromes genéticos y los trastornos motores también se beneficia de esta perspectiva.
Si deseas profundizar en la relación entre el cerebro, la emoción y la conducta, te invitamos a explorar el Diplomado en Neurociencias de Infancia y Desarrollo Pleno (infanciadesarrollopleno.org). Nuestra misión es fortalecer tu práctica con fundamentos sólidos para la inclusión y el desarrollo pleno.
Referencias
- Diamond, A., & Ling, D. S. (2016). Construyendo bases más sólidas para las funciones ejecutivas: Aportes de la neurociencia al desarrollo cognitivo. Current Directions in Psychological Science, 25(4), 253–259.
- Siegel, D. J. (2012). El cerebro del niño explicado a los padres: 12 estrategias revolucionarias para nutrir la mente en desarrollo de tu hijo. Paidós.National Institute of Mental Health (NIMH). Understanding the Brain: Neurotransmitters and Their Role in Mental Health. Publicaciones del NIMH.


