Las emociones forman parte de nuestra psicofisiología, por tanto hablar de ellas involucra una retadora tarea en las que nos embarcamos para desglosar el mundo emocional de nuestros pequeños y cómo podemos ayudarles en la gestión de las mismas de una forma saludable. 

Desarrollo emocional

El desarrollo emocional en los niños es un proceso gradual y continuo que comienza desde el nacimiento y se extiende a lo largo de la infancia y por supuesto la vida adulta. 

Los bebés, desde muy pequeños, son capaces de expresar emociones básicas como alegría, tristeza y miedo a través de sus expresiones faciales, gestos y vocalizaciones. 

De sus cuidadores primarios depende la regulación y gestión de emociones, pero también influyen aspectos biológicos como el temperamento y el desarrollo fisiológico de cada pequeño. 

Como otras etapas en el crecimiento y el desarrollo de los niños, el área afectiva juega un papel preponderante en cómo el niño percibe y siente su entorno ya que, las emociones son una forma de respuesta y reacción a los estímulos que percibimos en nuestro entorno. 

En ese sentido entran en contexto dos conceptos muy importantes los cuales son, regulación emocional y gestión de emociones. 

Gestión de emociones

La gestión de emociones consiste en un proceso ascendente de conocimiento, conexión y sensibilización emocional que involucra  reconocer e identificar las emociones, siendo necesario entenderlas y expresarlas de una manera saludable y/o adaptativa.

 La gestión emocional comprende un enfoque creativo y reflexivo sobre nuestras emociones. 

Regulación emocional

Por su parte, la regulación emocional comprende un proceso de integración emocional que involucra la intensidad y proporción de las emociones respecto al entorno y el lugar en el que se ubique la persona. 

Emociones en la primera infancia

Ahora bien, comprendiendo tales conceptos, nos adentramos en la primera infancia de 0 a 6 años, respectivamente.

 En esta etapa nuestros pequeños experimentan las emociones de una forma efusiva y es donde convergen aspectos tanto fisiológicos como de co-regulación emocional, es decir, son sus cuidadores primarios y entornos directos quienes promueven la gestión y regulación de emociones introduciendo herramientas que faciliten a nuestros pequeños la conexión saludable con su mundo emocional, responder a los desafíos sociales presentados y por supuesto prepararlos para la vida adulta. 

Algunas herramientas o estrategias que nos pueden ser útiles en la gestión de emociones en los niños pequeños son las siguientes: 

  • Nombrar las emociones: Utilizar un lenguaje sencillo y claro para identificar las emociones que el niño experimenta. Por ejemplo, «Veo que estás muy enojado porque no puedes armar el rompecabezas».
  • Validar sus sentimientos: Reconocer y validar las emociones, sin juzgarlas. Demuéstrale que entiendes lo que siente y que está bien sentirse así.
  • Modelar la gestión emocional: Ser un ejemplo para nuestros niños. Muestra cómo gestionamos nuestras propias emociones de manera saludable, incluso en situaciones difíciles.
  • Leer cuentos sobre emociones: Los cuentos infantiles son una herramienta divertida y efectiva para enseñar a los niños sobre diferentes emociones y cómo expresarlas.
  • Practicar la empatía: Consiste en preguntarle a los niños cómo se sentirían otros en determinadas situaciones.
  • Utilizar herramientas visuales: Se puede crear un «termómetro de emociones» o un «semáforo emocional» para ayudarlos a identificar y expresar sus sentimientos de forma visual.
  • Practicar técnicas de relajación: Incluye ejercicios de respiración profunda, yoga o mindfulness, para ayudar a calmar cuando se sienta abrumado.
  • Establecer límites claros y consistentes: Los límites claros proporcionan seguridad y ayudan a los niños a sentirse más seguros, además de enseñarles qué conductas son permitidas y cuáles no en medio de una tormenta emocional. Por ejemplo, sentir rabia o molestia está bien, pero pegar no lo está y no puedo permitir que lo hagas.
  • Ayudar a identificar los desencadenantes: Observa y habla con tu hijo sobre qué situaciones o eventos suelen provocar emociones fuertes.
  • Enseñar habilidades de resolución de problemas: Ayúdale a encontrar soluciones creativas a los problemas que enfrenta.
  • Limitar la exposición a estímulos estresantes: Reduce la cantidad de tiempo que tu hijo pasa frente a pantallas y exponlo a situaciones sociales de forma gradual. 

Las emociones son un tema de preocupación para muchos cuidadores, lo importante es gestionar nuestras propias emociones de adultos para estar disponibles y practicar la co-regulación y modelamiento con nuestros niños, recordemos que ellos aunque no nos escuchen todas las veces, nos están mirando todo el tiempo.  

Otro aspecto de importancia en la gestión de las emociones es el vínculo y la conexión de nuestros pequeños con nosotros, mientras más desconectados se perciban de nosotros mayor será su desregulación emocional, por tanto a mayor vínculo, mayor regulación y disposición de gestión de emociones.  

Contener emociones es  una ardua tarea y más cuando estamos en plena tormenta emocional, pero ánimo, cada vez, podemos hacerlo mejor.

 

La gestión emocional es algo que aprendemos y ejercitamos cada día y entregándoles este legado a nuestros pequeños estaremos promoviendo infancias con menos estrés y ansiedad, con mayor receptividad a la a la enseñanza, mejor adaptabilidad a los cambios y desafíos y por supuesto adultos capacitados para entender, conectar y gestionar sus emociones de una forma saludable y corresponsable en el mundo que vivimos.

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Referencias

  • Goleman, D. (1995). Inteligencia emocional. Bantam Books.
  • Bisquerra, R. (2009). Educación emocional y bienestar. Wolters Kluwer