¿Alguna vez te has preguntado por qué los niños hacen tantas preguntas? Esa innata necesidad de saber y explorar es lo que conocemos como curiosidad infantil

Esta cualidad, lejos de ser una simple molestia, es el motor que impulsa el desarrollo cognitivo y el aprendizaje en los primeros años de vida.

 En este artículo, explicaremos la importancia de la curiosidad en el desarrollo de los niños, los beneficios de fomentarla y cómo podemos hacerlo. 

La curiosidad: cualidad natural

La curiosidad es una cualidad natural, un impulso innato presente en prácticamente todas las especies animales.

 Es una energía que impulsa a la búsqueda, de un modo genuino, por el mero placer del conocimiento o del disfrute de los estímulos. 

A la curiosidad le acompañan el asombro y el entusiasmo del nuevo saber o descubrimiento, y se concibe como un comportamiento exploratorio deseable y positivo en tanto que enciende la motivación necesaria para el desarrollo pleno y creciente de la persona.  

En la etapa infantil es vital la curiosidad, de hecho se presenta como una cualidad sin filtros ni reservas, es decir, la curiosidad brilla en su máximo esplendor desde etapas muy tempranas y es precisamente a través de ella que el niño va creciendo, explorando y desarrollando en su contexto directo.  

La curiosidad: un tipo de motivación

Este mencionado y fuerte deseo de explorar constituye una de las características biopsíquicas que puede categorizarse como un tipo de motivación interna o intrínseca. 

En ella las satisfacciones y recompensas proceden del hecho mismo de realizar la actividad, más que del resultado. 

Esto hace que la tarea o el trabajo sea recompensante en sí mismo, no porque vaya a obtenerse algo externo al hacerlo. 

 

Igualmente, cuando la curiosidad es bienvenida por el entorno del niño y sus cuidadores, es un potenciador en el desarrollo del pensamiento crítico ya que, cuando los niños se plantean preguntas, buscan respuestas y se les provee diversidad de razonamientos, les permiten analizar información y seguir preguntando para consiguientemente aplicar este conocimiento y probarlo, en este sentido, no solo es estimulado un pensamiento crítico, sino también un pensamiento científico

Asimismo, al explorar nuevos temas y conceptos, los niños aprenden palabras nuevas y enriquecen su lenguaje, también, ejercitan su memoria, ya que los niños están prestos a concentrarse y recordar  información relevante o de su interés.

 Los niños curiosos son más propensos a encontrar soluciones innovadoras y a pensar fuera de la caja. 

Fomentando la curiosidad

Ahora bien, ¿cómo podemos fomentar o acoger la curiosidad en los niños?, esto es una tarea sencilla y al mismo tiempo  gratificante, algunas de las opciones pueden ser: 

  • Responde a sus preguntas con paciencia y entusiasmo: Muestra interés genuino por sus preguntas y animales a seguir explorando.
  • Crea un entorno de aprendizaje enriquecedor: Proporciona a los niños juguetes, libros y materiales que estimulen su imaginación y curiosidad.
  • Haz preguntas abiertas: En lugar de hacer preguntas que requieran una respuesta sí o no, formula preguntas que inviten a la reflexión y al debate, por ejemplo, ¿qué es?, ¿cómo es?. 
  • Explorar el mundo juntos: Salir a pasear o hacer experimentos en casa. 

La curiosidad infantil es un regalo invaluable que debemos cuidar y fomentar. Al proporcionar a los niños un entorno que estimule su curiosidad, estamos sembrando las semillas para un futuro lleno de aprendizaje, descubrimiento y éxito.

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Referencias

  • Silvia, A., Rodríguez, B., & Martínez, C. (2018). El impacto de la curiosidad en el desarrollo cognitivo de los niños. Revista de Psicología Educativa, 15(2), 45-62.
  • Piaget, J. (1964). El lenguaje y el pensamiento del niño. Madrid: Editorial Morata.